martes, 29 de julio de 2008

Tosca del Guadalquivir

Muchos han criticado algunas marchas porque su melodía proviene de una canción o de una rumba, como es el caso de "Caridad del Guadalquivir" o "Callejuela de la O", ambas de Paco Lola. Achacan que no puede adaptarse una rumba a una marcha de Semana Santa porque "es una rumba", tal cual, y ya está, sin aducir otras razones de peso.

Otros opinan que muchas otras suenan demasiado "a canción", como las melodías de las marchas de Pascual González, genialmente instrumentadas y armonizadas por Pedro Morales. Quizá la melodía, en estos casos, no sea apropiada (¿qué es "apropiado"?) para sonar tras un paso, o puede que le tengan ojeriza al cantor de Híspalis.

¿Cómo, se preguntan muchos, puede sonar tras un paso una melodía que originariamente invocaba a una "gitana canastera" enamorada o al mismísimo río Guadalquivir? ¿Herejía? ¿Ateísmo? ¿Mal gusto?

Cuando reflexiono sobre estas cuestiones, me viene a la mente un par de adaptaciones a marcha fúnebre sobre motivos de la ópera "Tosca", de Puccini. Las tremendas y apasionadas melodías de la ópera encajan a la perfección en el patetismo de la Semana Santa. Nadie nunca ha cuestionado las adaptaciones a marchas procesionales de óperas como "Tosca". Lógicamente, dejan de lado las escabrosas escenas del asesinato de Scarpia por parte de Tosca, o el fusilamiento de Cavaradossi, el amante de Tosca.

Tosca asesinando a Scarpia.

Tosca poniendo dos velas al cadáver de Scarpia.

Tosca presenciando el fusilamien-to de Cavaradossi




A mí, personalmente, me da exactamente igual la procedencia de las melodías a la hora de ser adaptadas a marcha procesional. Tanto si es una gitana canastera, como si es Tosca acuchillando al barón Scarpia o presenciando el fusilamiento de su amado. El caso es vibrar y disfrutar del resultado como marcha procesional.

(Otra historia es si vibro o disfruto con alguna marcha aquí mencionada.)

domingo, 6 de julio de 2008

Asociaciones cofrades, pro-hermandades y otras agrupaciones

Jesús del Perdón, de la Barriada La Corza. Fotografía realizada por Luis Jiménez - Web elcapillita.net


Hoy hace justo un mes la página web Los Nazarenos publicaba un interesante artículo firmado por Carlos Cabrera y titulado Cofradías "ilegales" y mentes lúcidas. Carlos Cabrera se mostraba muy escéptico con las intenciones de algunas asociaciones a la hora de sacar a toda costa un paso.

Con su lectura me vinieron a la mente diversas cuestiones: ¿En todos los casos estas asociaciones buscan sólo sacar las imágenes? ¿O bien hacen todo lo posible para formalizar una hermandad en la parroquia correspondiente pero no les dejan?

Caso de ser afirmativa la primera, ¿Están las imágenes en una iglesia? ¿Qué opina el párroco de esas salidas?

Caso de ser afirmativa la segunda, ¿quién impide que la asociación pueda crecer y llegar a erigirse en hermandad?

Incluso, a la hora de escribir estas líneas me surgen otras preguntas: ¿Tienen pensamiento tan sólo de sacar una cofradía, o también pretenden hacer vida de hermandad y realizar labores pastorales en sus respectivos barrios, como cualquier otra hermandad?

De momento no me pronuncio al respecto. Prefiero por ahora recibir vuestras opiniones y que se cree un debate en torno a este tema.


Virgen de la Humildad, del Polígono de San Pablo. Fotografía realizada por Juan Alberto García Acevedo - Web ArteSacro

miércoles, 20 de febrero de 2008

Segundo Siglo de Oro de la Semana Santa de Sevilla

El siglo XX tuvo una importancia crucial en la historia de la Semana Santa de Sevilla. Tras la decadencia decimonónica (no en cuanto a calidad artística sino en el fervor y lo semanasantero), la Semana Santa hispalense comenzó revitalizarse a partir de los años 20. Con los antecedentes de las fundaciones tempraneras de San Roque o Santa Cruz o la transformación estética iniciada por Juan Manuel, en esa década se producirá la creación de nuevas hermandades (que conformarían lo que en su mayor parte es el actual Martes Santo) y la revolución musical de Manuel López Farfán, ambos elementos clave que conforman el punto de partida de la Edad de Oro de la Semana Santa sevillana: el siglo XX.

Sin dudarlo, el siglo XX representa el cenit artístico cofradiero. Nombres como Juan Manuel, Elena Caro, Cayetano González o Manuel de los Ríos conforman la fisonomía de nuestra actual Semana Santa. Quizás en lo tocante a imaginería aún sea pronto para encajar las piezas en un tablero donde Martínez Montañés, Mesa o Astorga tienen demasiado peso, si bien podemos destacar al prolífico Castillo Lastrucci, a Ortega Bru o a los pujantes Álvarez Duarte y Navarro Arteaga. En lo musical tampoco hay duda: López Farfán, Braña, Gámez, Morales... constituyen el vasto espejo centro de todas las miradas.

Por otra parte, además de lo artístico está lo devocional: se han creado muchas nuevas hermandades de penitencia en la década de los años 20 (como queda dicho), también en la de los 50 y más recientemente la Sed (octubre de 1978) y el Cerro (septiembre de 1987), por nombrar sólo algunas. Asimismo fueron organizadas las Misiones Generales a los barrios en 1965, comenzaron a salir las primeras cuadrillas de hermanos costaleros (la hermandad de los Estudiantes fue la primera en 1973, fenómeno hoy día casi totalmente generalizado) y las primeras hermanas nazarenas (la pionera fue la hermandad de Vera Cruz sobre 1986).

Sin embargo, de un breve tiempo a esta parte estamos siendo testigos de una segunda Edad de Oro de nuestra Semana Santa, dotada de un nuevo vigor pero no aceptada por la totalidad de los cofrades. Entre otras características podemos señalar la creciente generalización de las coronaciones canónicas, el surgimiento de numerosas agrupaciones parroquiales (algunas con solera) y posteriormente erigidas en hermandades de penitencia, las restauraciones (más o menos logradas) de numerosos titulares de gran importancia artística, y más recientemente la tímida aparición de la figura de la mujer costalera, aún denostadísima. ¿Es esto un signo de apogeo o más bien de decadencia de nuestra Semana Santa? Por su nueva fuerza y vigor, creemos que lo primero.

Podemos establecer la fecha de esta Segunda Edad de Oro: la erección canónica como hermandad de penitencia de la hermandad de Torreblanca en abril de 1994 y su primera estación de penitencia el Sábado de Pasión de 1995. Tras ella han venido el Carmen Doloroso (1995), Parque Alcosa (2000), Cristo de la Corona (2000), Valme-Bellavista (2000), Palmete-Padre Pío (2005), San Pablo (2005), Dulce Nombre-Bellavista (2006), El Sol (2006), Pino Montano (2007) y la Misión (2008). Sólo dos de las hermandades antes mencionadas procesionan a la Catedral: Carmen Doloroso (desde 2007) y San Pablo (desde 2008 D.m.). El Sol anhela hacer lo propio a corto plazo.

En 1994 también se produjo la coronación canónica de la Virgen de la Encarnación, objeto de análisis en la entrada "Coronaciones y convalidaciones" de esta misma página. Unos dicen que tanta coronación desvirtúa la significación de la ceremonia, pero la inmensa mayoría calla las ganas que tiene de coronar a la virgen de su devoción.

La incorporación de las mujeres nazarenas y en las juntas de gobierno está casi felizmente superada. No así otras figuras femeninas como la hermana mayor, la pregonera o la costalera. Pregoneras haylas, cada vez más, pero aún el Consejo no se ha atrevido a designar a ninguna para el Domingo de Pasión. Hermanas mayores no hay, pero en muchas hermandades se debe simplemente a que no hay aspirantes femeninas para ese cargo.

Y costaleras... Menuda la han formado las chicas de la hermandad de gloria del Carmen del Santo Ángel; bueno, ellas no: la prensa y sobre todo un pueblo aún no preparado para ellas. Algunos debates calenturientos se han abierto en torno a la cuestión: se discute la fuerza física de la mujer para ir debajo de un palo; la cuestión moral de las cuadrillas mixtas (roces, posturas... ¿acaso no hay homosexuales bajo las trabajaderas?); la conveniencia de crear cuadrillas sólo de mujeres... De acuerdo que los hombres y las mujeres somos diferentes físicamente, pero, ¿no hay dentro de las mismas cuadrillas masculinas distintas complexiones? ¿Qué malo hay entonces en meter alguna mujer bajo el paso?

Cuando el pueblo vea natural los roles de la mujer aún por desempeñar; cuando el pueblo acepte la seriedad de las nuevas hermandades y agrupaciones, su labor evangélica y social; cuando el pueblo vea coronadas a todas a las vírgenes de su devoción; ese día podremos evaluar y estudiar con objetividad la segunda parte de este Siglo de Oro en que vivimos, o si se quiere, la Segunda Edad de Oro de la Semana Santa sevillana que acabamos de inaugurar.