El siglo XX tuvo una importancia crucial en la historia de la Semana Santa de Sevilla. Tras la decadencia decimonónica (no en cuanto a calidad artística sino en el fervor y lo semanasantero), la Semana Santa hispalense comenzó revitalizarse a partir de los años 20. Con los antecedentes de las fundaciones tempraneras de San Roque o Santa Cruz o la transformación estética iniciada por Juan Manuel, en esa década se producirá la creación de nuevas hermandades (que conformarían lo que en su mayor parte es el actual Martes Santo) y la revolución musical de Manuel López Farfán, ambos elementos clave que conforman el punto de partida de la Edad de Oro de la Semana Santa sevillana: el siglo XX.
Sin dudarlo, el siglo XX representa el cenit artístico cofradiero. Nombres como Juan Manuel, Elena Caro, Cayetano González o Manuel de los Ríos conforman la fisonomía de nuestra actual Semana Santa. Quizás en lo tocante a imaginería aún sea pronto para encajar las piezas en un tablero donde Martínez Montañés, Mesa o Astorga tienen demasiado peso, si bien podemos destacar al prolífico Castillo Lastrucci, a Ortega Bru o a los pujantes Álvarez Duarte y Navarro Arteaga. En lo musical tampoco hay duda: López Farfán, Braña, Gámez, Morales... constituyen el vasto espejo centro de todas las miradas.
Por otra parte, además de lo artístico está lo devocional: se han creado muchas nuevas hermandades de penitencia en la década de los años 20 (como queda dicho), también en la de los 50 y más recientemente la Sed (octubre de 1978) y el Cerro (septiembre de 1987), por nombrar sólo algunas. Asimismo fueron organizadas las Misiones Generales a los barrios en 1965, comenzaron a salir las primeras cuadrillas de hermanos costaleros (la hermandad de los Estudiantes fue la primera en 1973, fenómeno hoy día casi totalmente generalizado) y las primeras hermanas nazarenas (la pionera fue la hermandad de Vera Cruz sobre 1986).
Sin embargo, de un breve tiempo a esta parte estamos siendo testigos de una segunda Edad de Oro de nuestra Semana Santa, dotada de un nuevo vigor pero no aceptada por la totalidad de los cofrades. Entre otras características podemos señalar la creciente generalización de las coronaciones canónicas, el surgimiento de numerosas agrupaciones parroquiales (algunas con solera) y posteriormente erigidas en hermandades de penitencia, las restauraciones (más o menos logradas) de numerosos titulares de gran importancia artística, y más recientemente la tímida aparición de la figura de la mujer costalera, aún denostadísima. ¿Es esto un signo de apogeo o más bien de decadencia de nuestra Semana Santa? Por su nueva fuerza y vigor, creemos que lo primero.
Podemos establecer la fecha de esta Segunda Edad de Oro: la erección canónica como hermandad de penitencia de la hermandad de Torreblanca en abril de 1994 y su primera estación de penitencia el Sábado de Pasión de 1995. Tras ella han venido el Carmen Doloroso (1995), Parque Alcosa (2000), Cristo de la Corona (2000), Valme-Bellavista (2000), Palmete-Padre Pío (2005), San Pablo (2005), Dulce Nombre-Bellavista (2006), El Sol (2006), Pino Montano (2007) y la Misión (2008). Sólo dos de las hermandades antes mencionadas procesionan a la Catedral: Carmen Doloroso (desde 2007) y San Pablo (desde 2008 D.m.). El Sol anhela hacer lo propio a corto plazo.
En 1994 también se produjo la coronación canónica de la Virgen de la Encarnación, objeto de análisis en la entrada "Coronaciones y convalidaciones" de esta misma página. Unos dicen que tanta coronación desvirtúa la significación de la ceremonia, pero la inmensa mayoría calla las ganas que tiene de coronar a la virgen de su devoción.
La incorporación de las mujeres nazarenas y en las juntas de gobierno está casi felizmente superada. No así otras figuras femeninas como la hermana mayor, la pregonera o la costalera. Pregoneras haylas, cada vez más, pero aún el Consejo no se ha atrevido a designar a ninguna para el Domingo de Pasión. Hermanas mayores no hay, pero en muchas hermandades se debe simplemente a que no hay aspirantes femeninas para ese cargo.
Y costaleras... Menuda la han formado las chicas de la hermandad de gloria del Carmen del Santo Ángel; bueno, ellas no: la prensa y sobre todo un pueblo aún no preparado para ellas. Algunos debates calenturientos se han abierto en torno a la cuestión: se discute la fuerza física de la mujer para ir debajo de un palo; la cuestión moral de las cuadrillas mixtas (roces, posturas... ¿acaso no hay homosexuales bajo las trabajaderas?); la conveniencia de crear cuadrillas sólo de mujeres... De acuerdo que los hombres y las mujeres somos diferentes físicamente, pero, ¿no hay dentro de las mismas cuadrillas masculinas distintas complexiones? ¿Qué malo hay entonces en meter alguna mujer bajo el paso?
Cuando el pueblo vea natural los roles de la mujer aún por desempeñar; cuando el pueblo acepte la seriedad de las nuevas hermandades y agrupaciones, su labor evangélica y social; cuando el pueblo vea coronadas a todas a las vírgenes de su devoción; ese día podremos evaluar y estudiar con objetividad la segunda parte de este Siglo de Oro en que vivimos, o si se quiere, la Segunda Edad de Oro de la Semana Santa sevillana que acabamos de inaugurar.
Un blog donde tratar sin tapujos los aspectos más controvertidos de la Semana Santa de Sevilla
miércoles, 20 de febrero de 2008
sábado, 9 de febrero de 2008
Música en el pregón de Antonio Burgos 2008

El pasado mes de octubre de 2007 tuvimos conocimiento de las composiciones que el señor Antonio Burgos quería hecer sonar durante su pregón del próximo 9 de marzo (D.m.). Según la web Pasión en Sevilla , "el escritor manifestó su deseo de que la marcha se iniciara con los acordes de la “Saeta del Silencio”, continuara por la marcha de Cornetas y Tambores “Virgen del Mayor Dolor”, de Escámez, y finalizara con los sones del fragmento más conocido y solemne de “Pasa los Campanilleros”, la marcha prohibida por el Cardenal Segura". No se trataba de tres composiciones independientes, sino de una sóla que incluyera tres fragmentos de tres obras diferentes.
Pienso que la elección musical del señor Burgos responde a su necesidad imperiosa de llamar la atención sea como sea. Su forma de ser, tal y como nos reflejan sus escritos y sus apariciones públicas, manifiestan una perfecta conjugación de tradición y heterodoxia aparentemente transgresora pero que sólo se queda en una superficial frikada rancia. Tal es el caso de este popurrí denominado por él "Los gozos de la Madrugá". Ya me dirán ustedes qué tienen que ver con la Madrugá una marcha dedicada a una hermandad de Málaga (que no sale de Madrugá) y "Pasan los campanilleros".
Afortunadamente hablo en pasado, pues a finales de enero Burgos decidió prescindir de este collage (que no marcha). Este Miércoles de Ceniza (6 de febrero) pudimos escucharlo en el programa El Llamador de Canal Sur Radio. Ciertamente no pocos quebraderos de cabeza le ha traído el asunto al director de la Banda Municipal de Sevilla, Francisco Javier Gutiérrez Juan, quien se ha encargado de engarzar los temas. Pero ya es agua pasada. Finalmente sonará junto a "Amarguras" la marcha "Pasan los campanilleros"; pero no se asusten, sonará completa.
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Foto extraída de la web Patrimonio Musical
miércoles, 2 de enero de 2008
Coronaciones y convalidaciones
Hace muchos años tenía entendido que para coronar canónicamente a una virgen, ésta debía cumplir tres requisitos: tener al menos 100 años de antigüedad, suscitar gran devoción y disponer de una corona de oro (no vale plata sobredorada). Ignoro si se trataba de un mito o una realidad, pero estos esquemas se me vinieron abajo con la coronación en 1988 de la Virgen de las Angustias: una imagen con bastante devoción (digo bien: bastante) pero con apenas medio siglo de existencia (lo del material de la corona, ni idea). Seis años más tarde fue coronada canónicamente la Virgen de la Encarnación, ciertamente más que centenaria pero con una devoción circunscrita al castizo barrio de La Calzada. ¿Por qué estas coronaciones? Por un lado se murmura que en la de las Angustias medió la Duquesa de Alba, y por otro el entonces arzobispo Fray Carlos Amigo Vallejo jamás ocultó su afecto a Nuestra Señora de la Encarnación. Lo cierto es que sendas coronaciones canónicas constituyeron el punto de partida del “boom” de coronaciones que actualmente vivimos.
Ahora bien, ¿se deben coronar todas las vírgenes, o sólo aquéllas que por su gran devoción lo “merezcan”? (Porque ya lo de la “edad” de la virgen en cuestión o si la corona es de oro o de latón creo que es irrelevante: hablamos de devoción.) En este punto voy a insertar los nombres de las dolorosas coronadas canónicamente hasta la fecha, a saber: Amargura, Macarena, Esperanza de Triana, Angustias, Encarnación, Estrella, Dolores del Cerro, Valle, Rosario de Montesión, Palma, Esperanza de la Trinidad y la O. Yo me pregunto: ¿tienen TODAS estas dolorosas tanta devoción como para que sean coronadas, o sólo algunas? ¿Inspiran suficiente fuerza devocional las vírgenes de la Paz, Refugio, Caridad o Regla, las próximas que van a solicitar a Palacio su coronación canónica? Mi respuesta es un rotundo SÍ. Muchas gozan de gran devoción generalizada en Sevilla, pero TODAS están “coronadas canónicamente” en los corazones de cada miembro de la hermandad, de cada cofrade, de cada devoto íntimo y particular, que sueña con tan alto distintivo para la virgen de sus amores. Fray Carlos Amigo supo rectificar sabiamente el, a mi juicio, gran error de no imponer la presea a la Virgen del Valle en 1990 coronando más tarde a su Virgen de la Encarnación. Sin decirnos una sola palabra, el franciscano nos estaba lanzando una señal: TODAS las dolorosas merecen ser coronadas por el simple hecho de que en lo más profundo de nuestro corazón nuestras vírgenes lo merecen, tal es el amor que les profesamos. Y lo terminó de demostrar con la Virgen de la Palma. Si se fijan ustedes, desde 1990 Fray Carlos no se ha vuelto a retractar, sino que ha dado vía libre a todas las coronaciones canónicas propuestas. Yo aplaudo la postura de nuestro cardenal, si bien percibo un inconveniente: reconozco que tanta coronación puede desvirtuar su significado e importancia. Pero merece la pena ver las caritas de los hermanos que ven con infinita ilusión la anhelada imposición de la presea sobre las benditas sienes de la virgen que tanto aman.



Imposición de la presea a Nuestra Señora de Gracia y Esperanza en 1947 por el cardenal Segura. Fuente: web de la hermandad de San Roque.
Aunque ya he expuesto mis conclusiones sobre el tema, no quiero terminar sin mencionar otro tipo de coronaciones canónicas: las llamadas “convalidadas”. Hace unas décadas los cardenales Segura y Bueno Monreal respectivamente impusieron la corona a algunas dolorosas en el transcurso de la ceremonia de bendición de dicha presea. Este hecho, que se produjo en todos los casos con solemnidad pero sin especial suntuosidad (nada de procesiones extraordinarias, etc.), ha servido para que algunas de las hermandades implicadas soliciten su “convalidación” como verdaderas coronaciones canónicas: es el caso de las hermandades de San Roque (1947) y Santa Genoveva (1972), si bien en otras hermandades como San Isidoro (1950) veo improbable que lo soliciten a corto-medio plazo. Se me ocurren varias cuestiones: ¿puede considerarse este tipo de coronaciones de “segunda categoría” o equiparables a las otras? ¿Por qué no la ha solicitado aún San Isidoro?



Imposición de la presea a Nuestra Señora de Loreto en 1950 por el cardenal Segura. Fuente: Foro Las Cofradías.
Pienso, como dejé claro más arriba, que el hermano y cofrade que ama a su dolorosa tiene derecho a verla coronada o al menos reconocida como coronada, pues es la más alta de las distinciones hoy en día en el seno de las hermandades, y no debe sentir el mínimo atisbo de vergüenza por ello, sino más bien orgullo sano y la satisfacción de ver a su virgen coronada canónicamente.
Por cierto, ¿para cuándo las potenciaciones canónicas?
Ahora bien, ¿se deben coronar todas las vírgenes, o sólo aquéllas que por su gran devoción lo “merezcan”? (Porque ya lo de la “edad” de la virgen en cuestión o si la corona es de oro o de latón creo que es irrelevante: hablamos de devoción.) En este punto voy a insertar los nombres de las dolorosas coronadas canónicamente hasta la fecha, a saber: Amargura, Macarena, Esperanza de Triana, Angustias, Encarnación, Estrella, Dolores del Cerro, Valle, Rosario de Montesión, Palma, Esperanza de la Trinidad y la O. Yo me pregunto: ¿tienen TODAS estas dolorosas tanta devoción como para que sean coronadas, o sólo algunas? ¿Inspiran suficiente fuerza devocional las vírgenes de la Paz, Refugio, Caridad o Regla, las próximas que van a solicitar a Palacio su coronación canónica? Mi respuesta es un rotundo SÍ. Muchas gozan de gran devoción generalizada en Sevilla, pero TODAS están “coronadas canónicamente” en los corazones de cada miembro de la hermandad, de cada cofrade, de cada devoto íntimo y particular, que sueña con tan alto distintivo para la virgen de sus amores. Fray Carlos Amigo supo rectificar sabiamente el, a mi juicio, gran error de no imponer la presea a la Virgen del Valle en 1990 coronando más tarde a su Virgen de la Encarnación. Sin decirnos una sola palabra, el franciscano nos estaba lanzando una señal: TODAS las dolorosas merecen ser coronadas por el simple hecho de que en lo más profundo de nuestro corazón nuestras vírgenes lo merecen, tal es el amor que les profesamos. Y lo terminó de demostrar con la Virgen de la Palma. Si se fijan ustedes, desde 1990 Fray Carlos no se ha vuelto a retractar, sino que ha dado vía libre a todas las coronaciones canónicas propuestas. Yo aplaudo la postura de nuestro cardenal, si bien percibo un inconveniente: reconozco que tanta coronación puede desvirtuar su significado e importancia. Pero merece la pena ver las caritas de los hermanos que ven con infinita ilusión la anhelada imposición de la presea sobre las benditas sienes de la virgen que tanto aman.



Imposición de la presea a Nuestra Señora de Gracia y Esperanza en 1947 por el cardenal Segura. Fuente: web de la hermandad de San Roque.
Aunque ya he expuesto mis conclusiones sobre el tema, no quiero terminar sin mencionar otro tipo de coronaciones canónicas: las llamadas “convalidadas”. Hace unas décadas los cardenales Segura y Bueno Monreal respectivamente impusieron la corona a algunas dolorosas en el transcurso de la ceremonia de bendición de dicha presea. Este hecho, que se produjo en todos los casos con solemnidad pero sin especial suntuosidad (nada de procesiones extraordinarias, etc.), ha servido para que algunas de las hermandades implicadas soliciten su “convalidación” como verdaderas coronaciones canónicas: es el caso de las hermandades de San Roque (1947) y Santa Genoveva (1972), si bien en otras hermandades como San Isidoro (1950) veo improbable que lo soliciten a corto-medio plazo. Se me ocurren varias cuestiones: ¿puede considerarse este tipo de coronaciones de “segunda categoría” o equiparables a las otras? ¿Por qué no la ha solicitado aún San Isidoro?



Imposición de la presea a Nuestra Señora de Loreto en 1950 por el cardenal Segura. Fuente: Foro Las Cofradías.
Pienso, como dejé claro más arriba, que el hermano y cofrade que ama a su dolorosa tiene derecho a verla coronada o al menos reconocida como coronada, pues es la más alta de las distinciones hoy en día en el seno de las hermandades, y no debe sentir el mínimo atisbo de vergüenza por ello, sino más bien orgullo sano y la satisfacción de ver a su virgen coronada canónicamente.
Por cierto, ¿para cuándo las potenciaciones canónicas?
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